El pasado miércoles se produjo uno de los desastres más repetidos en los últimos años por aguas españolas: un vertido de crudo. En esta ocasión se localizó en tierras tarragoninas. Delante de la plataforma Casablanca de Repsol apareció la temida mancha de crudo. La situación se complicó y ayer, según publicaba 20 minutos, se preparaban para activar el Plan Nacional de Contingencias por Contaminación Marítima Accidental, pero esta mañana se ha desactivado. ¿La razón? La mancha de crudo ha desaparecido. La intensa tarea realizada por las embarcaciones de salvamento marítimo ha conseguido el "milagro de navidad".
El incidente:
Una válvula que debía estar cerrada y que, por un error humano estaba abierta, causó el pasado miércoles un vertido de crudo en la plataforma Casablanca, situada frente a la costa del Delta del Ebro, según fuentes de Repsol. La mancha llegó a ocupar hasta 19 kilómetros cuadrados.
Asimismo, estas fuentes cifraron el vertido de crudo entre 30 y 60 metros cúbicos (de 30.000 a 60.000 litros), mientras los cálculos de la subdelegación del Gobierno los sitúan entre 100 y 180 metros cúbicos (de 100.000 a 180.000 litros).
La Fiscalía de Tarragona estudia abrir una investigación de oficio por el vertido de crudo, mientras que la Subdelegación del Gobierno ha abierto un expediente informativo.
Nos encontramos con un tema recurrente en nuestra sociedad actual, vertidos de crudo, fugas en las centrales nucleares, torres de telecomunicaciones y telefonía al lado de edificios habitados... ¿Realmente estamos a salvo? ¿Es mera coincidencia que en los últimos años los casos de cáncer y malformaciones en los fetos haya aumentado alarmantemente?
Estos "accidentes" me hacen pensar en cuánto nos afecta esta contaminación ambiental que todos sufrimos. Nos prohiben fumar, nos dicen lo malo que es beber alcohol, no podemos drogarnos... pero, ¿quién controla el aire que respiramos? Estoy convencida que si analizáramos ese aire encontraríamos miles de partículas nocivas para los seres humanos. Entonces, ¿dónde queda el límite? Me niego a pensar que todo lo mueve el dinero, yo soy de las que todavía espera el milagro de poder respirar algún día aire puro.
La verdad es que cada vez da más miedo vivir en la ciudad, con los coches todo el día circulando y las fábricas... Nos tendremos que plantear seriamente lo de irnos al campo con las vacas y las gallinas, al menos será un poco más sano.
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