De camino a casa de mi familia, todavía pensando en las noticias de la mañana, he puesto la radio en mi emisora de costumbre. Los villancicos y las voces de los tertulianos hablando sobre la Navidad me han transportado a tiempos más felices, donde mis máximas preocupaciones eran saber qué me iban a traer los Reyes Magos.
En ese momento he sentido una mezcla de felicidad y tristeza, porque me han hecho pensar en el sentido de estas fiestas. Cuando éramos pequeños nos bastaba con tener a toda la familia alrededor para que fuera Navidad. No importaba si la comida era mejor o peor, o si los regalos eran casos o baratos; lo que realmente importaba era la calidez de estar en familia.
En estos momentos de crisis nos parece muy difícil tener unas fiestas felices sin saber qué nos deparará el próximo año (en muchos casos temiendo que sea lo peor). Pensemos en recuperar ese ambiente, disfrutemos de la compañía de los nuestros y recordemos con cariño a aquellos que ya no están, que para eso es la Navidad.
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